| APOCALÍPTICAMENTE 2012 |
![]() Sorprendido estoy por dos razones: número uno porque pocas veces he tratado de ver una película con tanta insistencia, y me he encontrado con que las entradas están agotadas. Mi recorrido por cuatro salas en Cancún sólo me recordó la vez que se estrenó “The Matrix” y que tuve que esperar dos fines de semana en poder entrar a un cine a verla. Sí, mi estimado lector, me declaro cine adicto y aunque moderado, esta vez, tardé 3 días en cazar los boletos para ver la última película de Roland Emmerich. Aparte de cine adicto soy comunicador y comprendo las estrategias de mercadotecnia que conlleva un gran blockbuster de este calibre a final de año. Puedo hablar de que Columbia Pictures hizo hasta lo posible por llenar salas y lo está logrando. También admito que soy fan del señor Emmerich desde Universal Soldier (Soldado Universal) en 1992. Dos años más tarde me cautivó con Stargate y de ahí en adelante he disfrutado de sus éxitos taquilleros como Independence Day (Día de la independencia), Godzilla, The Patriot (El patriota), The Day After Tomorrow (EL día despues de mañana), 10,000 BC hasta hoy 2012 su último largometraje el cual me tiene aquí comentando el punto cinematográfico a través de esta columna. Con estos antecedentes podemos llegar al punto número dos de mi sorpresa. El contenido de 2012. He olvidado el número de veces que he visto Independence Day, son tantas que casi me sé los diálogos. Las escenas son tan frescas en mi mente que fue irremediable el compararlas con las de 2012. El guión, similar a todas las películas de desastres antes mencionadas. Héroes anónimos, la naturaleza, el desastre y el caos persiguen a los protagonistas tal cual fantasmas en Halloween y el resultado es obvio y predecible, siempre es el mismo. Claro, en ID4 eran marcianos los que nos perseguían, pero el caos y la hecatombe es la misma para todas las cintas y está última no se salva de ello. No les contaré la historia para que participen en el monstruo de mercadotecnia que conlleva la película pero sí he de confesar que a mi alrededor, al salir de la sala de cine después de 158 minutos de acción y drama, hubo muchas risas de nervios entre los asistentes, gente ensimismada y un patrón general en la audiencia de desconsuelo, resignación y reflexión sobre el “cercano” fin del mundo como lo conocemos. Entiendo la maravilla de los números al igual que los mayas (los cuales se mencionan someramente en la película) también creo en la publicidad, la mercadotecnia y la comunicación dirigida a un grupo en específico pero esta vez me sorprende que en realidad el contenido de la película no es el mejor, la psicología de los personajes no está debidamente afianzada lo cual genera tibieza y toda actuación es consumida por los innumerables y a mi gusto exagerados efectos especiales que hacen un tanto increíble (a pesar de ser ciencia ficción) la suerte de quienes luchan por vivir en una situación apocalíptica. L La reflexión queda pues en que 2012 es una película de altibajos, muy larga, demasiados efectos especiales que hacen poco creíble lo que sucede en pantalla, una tesis volátil y no sustentable. Como fan de Roland Emmerich puedo opinar que me decepcionó esta vez y no dio más de sí. Como crítico de cine creo que el director se auto fusiló escenas, cortes de cámara, ediciones, inclusive perfiles de personajes y sólo creo una mezcla visual entre los efectos de “Independence Day” y “The Day After Tomorrow” en su fórmula de destrucción masiva a la cual nos tiene ya acostumbrados. A Emmerich le falto algo para superarse a sí mismo y se nota en su última película. En lo personal, me quedo con un intento más de Hollywood por tratar de hacernos entender que si no cambiamos por dentro como seres humanos, no veremos cambios por nuestro planeta y con la humanidad; creo este cometido lo logra el director Scott Derrickson con “The Day the Earth Stood Still” -El día en que la tierra se detuvo- el año pasado. Me quedo con el intento por recordarnos qué tan vulnerables somos pero sobre todo me quedo con la interrogante del pensamiento colectivo que está llevando a todo mundo a las salas de cine, ¿se acabará el mundo en dos años tal cual está previsto? Hoy en la pantalla grande esa respuesta está en 2012. D avid Pantoja |
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Esta columna la puedes leer todos los viernes en el periódico UNOMÁSUNO QUINTANA ROO |
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